miércoles, 3 de mayo de 2017

Tiempo profundo

En esta foto del Punto Siccar, en Escocia, es posible ver una pendiente formada por riscos verticales hechos de grauvaca (abajo) sobre los que hay un depósito horizontal de arenisca roja (arriba).
Era junio de 1788 cuando los escoces los geólogos James Hutton y James Hall, y el matemático John Playfair llegaron en un bote al Punto Siccar, un promontorio de roca formado por capas de arenisca roca y grauvaca. Los tres científicos habían llegado a buscar evidencias de una teoría que Hutton tenía sobre la formación de los estratos de roca.

Desde hace mucho tiempo, desde los tiempos del naturalista danés Nicolás Steno, se había propuesto que las rocas se formaban cuando los minerales disueltos en los mares se precipitaban y cristalizaban; cuando el mar se retiraba, dejaba expuestas las capas de depósitos mineralizados detrás. Esta teoría se conocía como neptunismo, en alusión al dios romano del mar, Neptuno. Sin embargo, Hutton había postulado una revolucionaria idea: las rocas se habían levantado del subsuelo donde se habían depositado, expuestas a las inclemencias del tiempo, desgastándose. Este desgaste generaría nuevos sedimentos que serían depositados en los nuevos niveles en un ciclo que se seguía repitiendo hasta nuestros días. Esta nueva hipótesis fue denominada como plutonismo, en alusión al dios romano del inframundo, Plutón. La idea de que la Tierra se encontraba expuesta a las mismas fuerzas modificadoras inclementes ahora como en el pasado y en el futuro se conocería como uniformismo geológico; si uno retrocedía lo suficiente en el registro de tiempo plasmado en las rocas, uno llegaría a las rocas más antiguas: las primeras rocas. Las rocas de las que vinieron todas las demás sobre ellas: la Tierra original.

Las rocas podían formarse de varias formas y todas tenían como antesala el magma fundido. Las rocas ígneas, producidas de la cristalización del magma, pueden ser deformadas debido a las fuerzas tectónicas de la corteza y comprimidas, o bien desgastadas por la actividad del viento, el agua y otros compuestos, creando depósitos. Estos depósitos se vuelven a cristalizar y formar un nuevo cuerpo mineral (litificación), una nueva roca. Este proceso puede ocurrirle también a las rocas metamórficas (las producidas por las fuerzas tectónicas) o a otras rocas sedimentarias (las producidas por el desgaste). Este ciclo fue propuesto por Hutton, del que decía que no existía vestigio de un principio, ni prospecto de un final. Para Hutton, el ciclo de las rocas era un proceso continuo interminable y sin dirección, cosa que cambió tras la formulación de la deriva continental y el descubrimiento de las placas tectónicas casi dos siglos después.

Ciclo de las rocas: 1) magma, 2) cristalización (enfriamiento), 3) rocas ígneas, 4) erosión, 5) sedimentación, 6) roca sedimentaria, 7) tectonismo y metamorfismo, 8) roca metamórfica, 9) derretimiento (formación del magma).

jueves, 6 de abril de 2017

Neurociencia para la época de los dinosaurios

Reactivación de mi blog tras un año de ausencia.


Esqueleto de Diplodocus montada en la galería central del Museo de Historia Natural de Berlín, Alemania. Omar R. Regalado

«¿Y por qué estudiar eso?», es tal vez la pregunta más común a la que se enfrentan todos los paleobiólogos que se han dedicado a estudiar dinosaurios y probablemente ha sido así desde que se acuñó la palabra «dinosaurio» en 1842.
La fascinación por los dinosaurios es algo que ha acompañado a la humanidad en la construcción del mundo moderno. Desde la época victoriana, donde los dinosaurios fueron vistos como el símbolo perfecto de lo primitivo: grandes y majestuosas bestias que estaban extintas, que pertenecían a un mundo antiguo olvidado contrastando tan bien con lo maravilloso del mundo moderno; hasta nuestros días, donde los dinosaurios dan material para franquicias multimillonarias.