miércoles, 9 de diciembre de 2015

1. Fósiles: ¿lenguas de piedra o dientes de tiburón?

50 ideas breves para entender de paleobiología y evolución

Lámina de la cabeza de un tiburón ilustrado por
Nicolás Steno, donde muestra las dos caras de 
uno de los dientes, muy semejantes a los

glossopetrae.
Prefacio. La siguiente serie la comencé a planear en octubre y será publicada de manera continua a partir de este diciembre. El objetivo de esta serie es explicar el origen de ideas clave de la paleobiología moderna y de la teoría moderna de la evolución, con la intención de que otros artículos en este blog tengan más sentido para un público más general. El modo en que escribiré esta serie es mediante la revisión histórica de los conceptos, más allá de una simple definición, pues es importante entender no solamente el modo en que fueron concebidos sino su contexto, para que los cambios de las ideas originales a las modernas cobren más sentido.

1. Los fósiles estuvieron vivos

Desde la Antigüedad los seres humanos se han encontrado con fósiles, rocas que tenían una semejanza incuestionable con elementos vivos en la naturaleza: conchas, hojas, huesos... Por ello, no es de sorprender que desde hace muchos siglos se haya considerado que los fósiles tenían un origen orgánico, si bien inexplicable.

Durante la Ilustración, la idea de que los fósiles eran evidencias de vida pasada fue postulada por primera vez por el polímata danés Nicolás Steno (1638-1686). Nicolás Steno estudió medicina, pero se abstuvo de practicarla debido a que consideraba inútiles la mayoría de los remedios, por lo que centró su atención en la anatomía y la fisiología a través de la disección. Steno llegó a Florencia con la ambición de dedicarse a sus nuevos estudios, pues en esta ciudad se había establecido la Academia del Cimento, una agrupación de científicos dedicados a la ciencia experimental protegidos por el Gran Duque de Toscana Fernando II de Médici.

Nicolás Steno (Niels Stensen).
En octubre de 1866, fue pescado un tiburón blanco gigante en una costa de la Toscana. El interés en este animal fue tan grande en la comunidad toscana que el Gran Duque pidió a Steno que diseccionase y documentase al animal. Una curiosa coincidencia sucedió a Steno durante esta disección. Mientras se encontraba en su natal Copenhague fue estudiante del médico y teólogo danés Thomas Bartholin (1616-1680), quien fue famoso por ser el primero en publicar un estudio anatómico del sistema linfático y la primera colección anatómica ilustrada. Bartholin poseía en su gabinete médico una colección de fósiles procedentes de la isla de Malta a los que se les llamaban glossopetrae, o lenguas de piedra, a las que su tutor consideraba importantes por las propiedades curativas que él había descrito.

De vuelta a Florencia. Steno notó la gran semejanza entre los dientes del tiburón que diseccionaba y las lenguas de piedra de Bartholin, por lo que en su descripción de los Elementos de miología del especimen incluyó la nota de que los fósiles glossopetrae podrían bien ser dientes de tiburón petrificados que solían habitar en la isla de Malta. Esta idea de Steno no era nueva, pues durante su estancia con Bartholin desarrolló un interés muy grande por los fósiles, por lo que también se aventuró a elaborar sobre la posible naturaleza orgánica de los fósiles. Muchos de los fósiles de criaturas marinas se encontraban a kilómetros de las playas, incluso en las montañas ¿por qué no suponer que esas estructuras se habían depositado en un sedimento blando cuando estuvo cubierto por el mar, y que tras retraerse el mar los sedimentos blandos con su contenido se habían petrificado y formado los fósiles?

Tras esta disección publiada en 1666, Steno comenzó a dedicar más tiempo a sus estudios de campo, describiendo las rocas que poseían grandes cantidades de fósiles. Dos años después, Steno publicó una disertación titulada Discurso preliminar sobre los sólidos dentro de otros sólidos de manera natural, donde postuló por primera vez de manera científica que los fósiles eran evidencias de la vida del pasado. Aunque la explicación que dieron los contemporáneos de Steno se apegaba a la interpretación literal de la Biblia y consideraban a los fósiles como evidencias del Diluvio Universal descrito en el libro del Génesis, el origen orgánico de los fósiles no sería negado de nuevo en los siglos siguientes (para una reseña más elaborada sobre estas primeras interpretaciones, leer aquí).


Lámina de fósiles de un erizo de mar (arriba) y de varias lenguas de piedra (glossopetrae), realizada por el pintor italiano Agostino Scilla (1629-1700), uno de los principales defensores en la época de Steno sobre el origen orgánico de los fósiles. En estas láminas, Scilla describe cómo la similitud entre los fósiles y sus "contrapartes" vivas era demasiado grande para ser explicada por el azar de procesos de solidificación de las rocas. Aunque Scilla solamente publicó un único trabajo científico, sus descripciones ayudaron a convencer a los estudiosos de la indudable naturaleza orgánica de los fósiles.


Erizos de mar destruidos de diferentes maneras, ilustrados por Agostino Scilla.
Fuentes
  • Romano, Marco (2013): ‘The vain speculation disillusioned by the sense’: the Italian painter Agostino Scilla (1629–1700) called ‘The Discoloured’, and the correct interpretation of fossils as ‘lithified organisms’ that once lived in the sea, Historical Biology: An International Journal of Paleobiology, DOI: 10.1080/08912963.2013.825257


Nota bene. Un par de entradas también quedaron en el tintero entre finales de septiembre y noviembre, por lo que las terminaré de arreglar e ilustrar en estos meses, pero aparecerán publicadas en los meses en los que realicé las investigaciones de mi doctorado (y que se relacionan con los artículos que publicaré para esos meses pasados); esto tiene la finalidad de permitirme a mí llevar un registro de lo que he leído y complementado mientras descuidé el blog. Los artículos son:
-Septiembre: Las vértebras de los saurópodos.
-Octubre: El paréntesis filogenético, ¿Cómo perdieron las serpientes sus patas?
-Noviembre: Infiriendo el genoma de los dinosaurios, Los mares del Mesozoico.