miércoles, 13 de mayo de 2015

Vida atada a los arrecifes (IV)

Bitácora ecológica

Passo Gardena, Italia. Montañas de dolomitas en los Tiroles del sur, al norte de Italia,
por Hejkal (2005) CC-BY-2.5
A mi particularmente me ha resultado asombroso cómo logramos aprender tanto de los arrecifes al entender las montañas. En primera instancia, todas las montañas parecen iguales, pero cada una es una estructura diferente de otra, que ha sido producida por diferentes fuerzas y que se compone de diferentes materiales. Pero más allá de esa unicidad, cada montaña cuenta una historia. Por ejemplo, en Italia encontramos muchas montañas conformadas de una roca conocida como dolomita. El nombre de esta roca se dio en honor del naturalista francés Deódat Dolomieu (1750-1801); cuando el geólogo italiano Giovanni Arduino (1713-1795) describió un nuevo tipo de roca caliza con un alto contenido en magnesio, el geólogo no reparó en darle mayor relevancia. Sin embargo, Deódat le daría nombre y en 1792 la palabra dolomita para la nueva roca se empezó a extender en el léxico geológico.

Sin embargo, el origen de la dolomita y de las montañas formadas por dolomita tan comunes en el norte de Italia continuaban siendo un misterio. En 1860, el geólogo alemán Baron Ferdinand F. von Richthofen (1833-1905) postuló, tras cartografiar toda la Dolomita Schelrn y estudiarla, que lo que se veía hoy como una montaña había sido en el pasado un gigantesco arrecife de coral.

jueves, 7 de mayo de 2015

Vida atada a los arrecifes (III)

Bitácora ecológica

Primer dibujo de Lophelia pertusa, realizado por J. E. Gunnerus.
Hagamos una generalización sobre los arrecifes modernos. Los actuales arrecifes son de tipo coralino, construidos sobre los esqueletos calcáreos de algas rojas calcáreas, principalmente del género Halimeda. Se limitan a los mares tropicales dentro de los rangos de temperatura oscilantes entre los 26-27ºC, y pocos arrecifes crecen en temperaturas debajo de los 18ºC. Latitudinalmente se les encuentra entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio (Achituv y Dubinsky, 1990). Esta descripción bien parecería explicar la distribución de los arrecifes de coral en el mundo. Sin embargo, un clérigo noruego del siglo XVIII, el naturalista Johan Ernst Gunnerus (1718-1773) tendría en sus manos una prueba para demostrar que tal descripción es imprecisa. En su obra Sobre los Arrecifes Noruegos publicada en 1768, describe ejemplares como el que nos acompaña de portada, Lophelia pertusa, un coral de las aguas frías y oscuras del Mar de Noruega.
Polyps (PSF).png
Diagrama de pólipos de un coral.

Incluso si quisiéramos acotar aún más la descripción, apuntando que los arrecifes modernos viven en permanente simbiosis con zooxantelas, encontraríamos en Lophelia pertusa un para que esa descripción se siga restringiendo a los corales tropicales. A pesar de que podría pensarse que estos arrecifes de aguas frías y sin organismos fotosintéticos simbiontes son raros, Lophelia pertusa se encuentra formando arrecifes en todos los océanos, el más grande, con 35 kilómetros de longitud conocido como Arrecife Røst, frente a las costas de Lofoten, Noruega, a una profundidad tal que le permitió pasar desapercibido por los humanos hasta que lo encontramos en el año 2002 ¿Qué sostiene a los arrecifes coralinos en aguas profundas?

miércoles, 6 de mayo de 2015

Vida atada a los arrecifes (II)

Bitácora ecológica

Entrada principal del Museo Nacional de Historia Natural de Londres.

Los recuerdos de un arrecife fósil se encuentran en Londres. No son parte de un yacimiento en medio de la ciudad sino de uno de los edificios más icónicos de la misma: el Museo Nacional de Historia Natural. La entrada que se encuentra sobre la calle de Exhibition Road está construida con caliza procedente de la cantera de Ashburton al sur del condado de Devon, en Inglaterra. La caliza se compone de los vestigios de un antiguo arrecife de corales ramificados y esponjas estromatopóridas que data de hace 350 millones de años (periodo Devónico). El tamaño del grano de la roca es demasiado fino, lo que indica que la energía del mar que azotaba el arrecife era muy baja, por lo que constituye un ejemplo muy bien preservado de lo que se conoce como plataforma arrecifal (o backreef en inglés).


Muchas edificaciones en Inglaterra están construidas con bloques de mármol procedentes de la cantera Ashburton. En Londres, el mismo arrecife forma parte de la Catedral St. Paul, en el otro extremo de la ciudad.

Vida atada a los arrecifes (I)

Bitácora ecológica

Diversas especies de corales en el arrecife de la Gran Barrera de Coral, cerca de Queensland, Australia.
Toby Hudson (2010) CC BY-SA 3.0
Siempre que pensamos en un arrecife se crea en nuestra mente la imagen de uno de los lugares con mayor diversidad acumulada en este planeta. Recordamos alguna fotografía de un lugar con enormes extensiones de estructuras coralinas entre las que conviven y se alimentan una gran variedad de organismos: algún pulpo viviendo en alguna cavidad calcárea formada por el tiempo en el arrecife, peces de todos los tamaños, formas y colores nadando entre los cuerpos coralinos, o bien, cazando pequeños crustáceos que raspan el fondo marino en busca de comida, equinodermos de todo tipo desplazándose entre las irregularidades de la topografía arrecifal y una gran gama de tipos de animales que conviven en el arrecife.

Sin duda, los arrecifes son los ambientes marinos con la mayor diversidad de vida animal en nuestro planeta (Stanley, 2001). Por sí mismos son estructuras de origen animal (zoogénico), producto del desarrollo de la capacidad de depositar sales de carbonatos en matrices extracelulares hasta la conformación, con el tiempo, de grandes cuerpos de biomasa que se extienden en las aguas someras cálidas del planeta. En esta revisión bibliográfica se aborda a los arrecifes desde dos perspectivas: una perspectiva paleobiológica y otra ecológica.