domingo, 26 de abril de 2015

Micropaleontología: una historia rescatada del fuego

N. B. La siguiente entrada sufrirá modificaciones posteriores conforme encuentre más información.



Las fundaciones en las que majestuosamente se edifica y se soporta la ciencia geológica moderna son hasta cierto sentido poco seguras, aunque fácilmente serán hechas seguras.
Un descubrimiento, y uno, también, de una naturaleza muy simple, ha sido realizado recientemente, lo que inevitablemente trae una revolución en nuestras ideas en lo que concierne a la naturaleza y el origen de buena parte de la corteza planetaria, y modificará incluso nuestras concepciones de la revolución cósmica. El descubrimiento referido es sobre el origen orgánico de las rocas y meteoritos.
Randolph Kirkpatrick (1912) "The Nummulosphere: An 
Account on the Organic Origin of so-called Igneous Rocks 
and of Abyssal Red Clays"

Así comenzaba la introducción a una de las hipótesis más ingeniosas sobre el origen de las rocas: todas se formaban por la acumulación de numulites. En una entrada pasada se hablaba sobre los numulites, fósiles de unas criaturas unicelulares que se encuentran formando grandes depósitos en canteras de todo el mundo. Los foraminíferos cautivaron y ocuparon las mentes de varios paleontólogos durante los siglos XIX y XX, y ahora en el siglo XXI tienen un papel central en el estudio de paleoambientes y edades. Si bien Herodoto fue el primero en dar cuenta de los numulites, la primera persona en estudiarlos y reconocer su importancia fue alguien completamente ajeno a la paleontología y a la geología modernas.


martes, 21 de abril de 2015

La Guerra de los Huesos: Orígenes

Diagrama de Brontosaurus excelsus, realizado por Othniel Marsh en 1896. La cabeza pertenece a una especie de Camarasaurus.

Los dinosaurios sin duda comenzaron a impactar a la comunidad científica, pero no así a la cultura popular. En 1881 Owen había ayudado a crear el Museo de Historia Natural de Londres y complementaba así la exposición de estos animales al público. Los trabajos publicados llegaron al otro lado del Atlántico desde que Owen acuñara la palabra "dinosaurio" en 1842, hacia Estados Unidos, en donde surgió la famosa Guerra de los Huesos. 

Dos paleontólogos declararon una abierta rivalidad y competencia mutua por descubrir y describir el mayor número de dinosaurios cada uno. Edward Drinker Cope (de la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia) y Othniel Charles Marsh (del Museo de Historia Natural de Yale) utilizaron tanto su tiempo libre como sus casi ilimitados recursos para, entre 1877 y 1892, descubrir y describir 142 especies de dinosaurios entre los dos. Sus expediciones los llevaron a descubrir los yacimientos de fósiles más importantes de Estados Unidos en los estados de Colorado, Nebraska y Wyoming; la famosa guerra no fue solamente una competición de descubrimientos, sino de críticas y ataques con la intención de desgraciar la vida del otro. Durante el verano se dedicaban a excavar restos y durante el invierno estudiaban y publicaban sus resultados; si bien ambos tenían fósiles para estudiar una vida, su apetito los llevaba por más, lo que hacía que ambos cometieran errores que el otro era más que feliz en anotar. Por esa razón, actualmente solo 32 especies de las 142 que nombraron se consideran especies válidas.

Ambos terminaron arruinados al final de sus vidas tras su lucha de egos interminable, que vio su final hasta la muerte de Cope en 1897. Los últimos años de Cope fueron de una debilitación crónica por enfermedades y se vio obligado a vender parte de su colección de fósiles para subsistir. Marsh debió pedir a Yale un salario para poder sostenerse e hipotecar su residencia. Parte de su legado, además de sus importantes descubrimientos, fue el contagiar al público con la fascinación por los dinosaurios.


viernes, 17 de abril de 2015

Primeros capítulos de la Paleobiología de dinosaurios (III)

Hylaesaurus armatus


Litografía de Hylaesaurus por Benjamin Waterhouse Hawkings (1807-1889) de Johnsons Natural History (1871) Estados Unidos.
Una explosión con dinamita cimbró los árboles de la región. La cantera que se encontraba cerca del Bosque Tilgate era fuente de una roca de caliza de buena calidad que se vendía a los constructores ingleses de Sussex Oriental. Entre los escombros de la explosión, una roca contiene un grupo de huesos similares a otros que ya con anterioridad habían salido. El médico Gideon Mantell no tardó en llegar al sitio para ver el nuevo hallazgo, que había sido adquirido por un coleccionista local, y se dio cuenta de que las alrededor de 50 piezas podían articularse en un único esqueleto.

Corría julio del año 1832. Mantell estaba fascinado con este nuevo hallazgo, pues los saurios identificados previamente, Megalosaurus e Iguanodon se habían descrito a partir de hallazgos de piezas únicas y aisladas. Dado que los fósiles provenían del Bosque Tilgate, consideró la posibilidad de que fueran restos de Iguanodon y asignó su adquisición a ese género.